¿Pero qué pasa cuando el trabajador es desvinculado?

Salir de un trabajo sin haberlo planeado, constituye una experiencia traumática.

 

 

 

 

 

 

 

 

Un trabajo es algo central en nuestras vidas porque, además de proveernos de beneficios materiales, nos posibilita llenar importantes necesidades psicológicas. Provee de sentido de autovaloración y de autoestima, nos permite sentirnos eficaces y controlando nuestro propio mundo.

Al perder el empleo, y más si cabe cuando el puesto ha sido desempeñado durante muchos años, se dificulta el acceso a todas esas funciones sostenedoras de un determinado autoconcepto, que ahora queda en entredicho. Nuestra propia percepción queda pues minada, y las creencias de lo que los demás piensen de nosotros puede representar un foco de preocupación.

Una aproximación a los sentimientos que afloran en un proceso de desvinculación laboral forzosamente tiene que ir relacionado con la función social que desempeña tener empleo.

Es por ello que cuando nos comunican nuestro cese en una organización no sólo perdemos un empleo, sino que la pérdida se circunscribe en un marco mucho más amplio, al derrumbarse uno de los pilares más importantes que construyen nuestra identidad social. Pueden surgir:

•El sentimiento de culpa

•El deterioro del auto-concepto

•La disminución de la autoestima

•Mal humor

•Negativismo

•Deterioro de las relaciones familiares

•Deterioro de las relaciones sociales

 

Suele suceder que el desvinculado, no comunique a su grupo familiar, ni amigos sobre la pérdida de empleo, por lo que opta por ausentarse de su hogar, cumpliendo el mismo horario y rutina que haría en su anterior empleo.

Es un final de una etapa, el salir a veces de una zona de confort para ingresar a una zona neutral para dar inicio a un nuevo comienzo.

El final de la etapa laboral puede llegar a ser percibido como algo caótico para algunas personas,  si bien depende de muchos factores, recursos internos, como se comunicó la desvinculación, el tiempo de preparación, en general, la persona desvinculada vivencia con mucha incertidumbre el momento de  corte de la relación laboral.

Pueden aparecer síntomas psicosomáticos como: hipertensión, tensión, depresión, problemas cardíacos, abandono y en los casos más extremos el alcoholismo, el consumo de drogas o incluso finales más desalentadores.

El sujeto debe construirse como identidad “ser desempleado”, y por supuesto mientras más tiempo dure este estado, más vivencia con angustia y frustración la espera de la reinserción. Puede llegar a experimentar que se queda sin proyecto de vida/laboral.

 

Lic Mónica Juncos

MP 1685

Esp. En Psicología del Trabajo y las Organizaciones

Miembro ADEIP 1441

Capacitadora Sepyme

Miembro de la Comisión de Psicología Organizacional y Laboral del Colegio de Psicologos de la Provincia de Córdoba.

 

 

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